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jueves, 4 de agosto de 2016

Clics Modernos (Charly García, 1983): la vanguardia exquisita, por Joaquín Rodriguez


A principios de la década de los ochenta, la situación en Argentina era casi tan pestilente como asfixiante. Los gruesos muros de los campos de concentración ya no tapaban los gritos de dolor y la derrota en Malvinas fue el golpe de gracia que sirvió en bandeja la cabeza del Gobierno. Para entonces, Carlos García Moreno, artista de renombrada talla en las tierras de plata, se encontraba grabando en esa ineludible meca pecaminosa que visitan los seres inquietos, la ciudad de Nueva York.

Las arduas sesiones en los Electric Lady Studios comenzaron a recoger sus frutos el 5 de noviembre de 1983, cuando vio la luz uno de los álbumes más emblemáticos del rock en habla hispana: Clics Modernos, el segundo trabajo de estudio de García. En apenas 9 canciones que, en total suman media hora, el músico dotó a su obra de un sonido futurista anticipando las tendencias que terminarían por convertirse en la banda de sonido de la época. Para ello Charly recurrió a la implementación de samplers, baterías electrónicas y diversos teclados que trazan el sendero musical del trabajo.

Dotado de una atmósfera oscura, Clics comienza con el tema “Nos siguen pegando abajo”, una oda marcada por guitarras acentuadas con acercamientos a la música disco, algo que, en un principio, no cayó bien entre los acólitos del cantante. La placa está atravesada por tramas filosóficas de una intensa profundidad como “No soy un extraño”, “Nuevos trapos” y “Ojos de videotape”; autoreferencias burlonas como “Dos cero uno (transas)” y filosas observaciones sobre el duro contexto argentino que se reflejan en “Plateado sobre plateado” y el tema más poderoso del álbum, una oda que se convirtió en triste lugar obligado del cancionero local: “Los dinosaurios”, la verborragica y sensible radiografía sobre los desaparecidos y su martirio.

Luego de lanzado el álbum, el autor volvería al país para realizar su presentación oficial y una gira por las provincias. De este modo, Charly moldeó una obra exquisita cargada de emotividad que partió las aguas del rock nacional e influenció a una camada de artistas que tomaría por asalto la década de los 80’s con una virulencia y elegancia inusitadas. Así comenzaba a escribirse una nueva página tan corrupta como dorada en la historia de la música…

"Este mundo te dirá que siempre, que es mejor mirar a la pared..."


 Charly Garcia - Clics Modernos - Disco completo (Vinilo)

link: https://www.youtube.com/watch?v=f9R6yDFXZAM&spfreload=5



jueves, 21 de julio de 2016

Miguel Abuelo Et Nada (1975): los riesgos de arder, por Joaquin Rodriguez

Mientras en la Argentina se sucedían gobiernos dictatoriales y la juventud comenzaba a alzar su grito iracundo, algunas de sus mentes más brillantes vagaban por el mundo en busca de una brisa libertina que refresque tan asfixiante contexto.  Ese fue el caso del poeta y músico Miguel Abuelo, un muchachito errante que en el amanecer de 1972 se encontró en las calles parisinas intentando sobrevivir a la vorágine consumista. Fue allí que dio con el productor Moshe Naim, quien, impactado por el talento de Abuelo, le propuso realizar una grabación con la loca idea de que esta pasaría a la historia. El disco se cocinó con una banda de músicos argentinos en 1973 bajo el nombre de “Miguel Abuelo Et Nada”. Sin embargo, los anhelos de fama de Naim volaron por los aires, ya que la placa tardó dos años en salir y, actualmente, apenas sobrevive gracias a la digitalización de su contenido.

El álbum está compuesto por siete canciones, todas dotadas de una bella y profunda poesía propia de una pluma como la de Miguel. Paisajes primaverales, campiñas verdes  e  imágenes campestres son algunas de las figuras que el músico dibuja. Para ello recorre senderos que, sin saberlo, estaba abriendo junto con un tal Luis Alberto Spinetta; esto se hace evidente en canciones como “Estoy aquí, parado, sentado y acostado”, “El largo día de vivir” o “Recala sabido forastero” que, a su vez, remiten a las primeras etapas de Genesis.  Otros temas, en cambio, son propios de una versión latina de Led Zeppelin en la que el cantor demuestra una inmensa virtud técnica con su voz. Cabe destacar “Tirando piedras al río”, una apertura virulenta que golpea directo al pecho y en la que el guitarrista Daniel Sbarra se luce con un solo descomunal.

La aventura del artista lo alejaría en los próximos años de la Ciudad de las Luces y lo traería nuevamente al país para recorrer aquellos sótanos de los que había exiliado tiempo atrás. Su vida fue corta pero intensa; fugaz, pero ardorosa. La década de los 80’ lo esperaba con sus queridos Abuelos, una nueva era musical y artística para aquel joven que había crecido y que, si bien no pudo sobreponerse físicamente a su enfermedad, ya había ganado la batalla histórica por trascender…

"Yo soy un minero
mi meta es el oro
lo encuentro en los pliegues
de cualquier latir"