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domingo, 25 de diciembre de 2016

Lightning Hopkins. Por los caminos de polvo, por Joaquín Rodriguez






Alguna vez Eric Clapton dijo que su amor por el blues surgió como consecuencia del comportamiento errático y solitario que practicó durante la adolescencia. "Entendí que se trataba de la historia de un hombre y su guitarra contra el mundo. Eso fue lo que me atrajo". Su vacío encontró refugio en el género maldito instaurado por Robert Johnson que sumó acólitos a lo largo de las rutas polvorientas de los EE.UU primero, y alrededor del mundo luego. Uno de los vástagos musicales de Johnson fue Lightnin Hopkins, un muchacho texano que hizo del Mississippi blues un culto.

Su álbum “Texas Blues Man” editado en 1967 es fiel exponente del pulso musical que atravesaba a las poblaciones negras a mediados del siglo XX. Fue grabado en apenas un día con un equipo portátil en una suerte de imagen vívida sobre la rusticidad que acompañaba al género en la época. Le basta al artista su guitarra y una voz venérea para crear una placa en la que demuestra que, además de vivir en carne propia las penurias de la población trabajadora estadounidense, es un guitarrista dueño de un swing abrumador al que poco le importa la prolijidad de su ejecución.
A Hopkins le basta con un puñado de tópicos cotidianos pero no menos pintorescos para dotar de ritmo a su prosa de boogie. Nunca faltan las mujeres que parten dejando solo y lastimado al blusero, los campos de trigo por la mañana y el whisky barato en las letras que conforman las diez canciones del disco. En la portada, su rostro regala una sonrisa luminosa entre la que se cuela un cigarro con boquilla. Detrás, un niño sonríe frente a una típica carnicería local que quedará retratada para la posteridad.

Boogies como Watch my fingers dan dinámica al álbum y contrastan con aquella de armonías más densas como Tom Moore Blues, la genial apertura que obliga a prestar atención a los dedos juguetones de Hopkins que parecen fundirse en una relación sincera con las seis cuerdas. Su entusiasmo guitarrístico se convirtió en uno de los tesoros del buscador; es decir, no hay demasiado material de Lightning disponible, pero quien busca encuentra y no es un hallazgo menor el dar con un blusero de ley, dueño de una impronta fantástica, tan única y corriente al mismo tiempo, que se la podría encontrar en cualquier porche de Kansas en las horas de la tarde, cuando el sol comienza a caer y el trabajo queda para el próximo día. 









viernes, 12 de agosto de 2016

Ma Kelly's Greasy Spoon (Status Quo, 1970): la contundencia de lo simple, por Joaquín Rodriguez



Entre las ricas novedades culturales que los años sesenta trajeron al mundo, podemos destacar la constitución del Reino Unido como un inédito semillero de intérpretes de blues. Lejos del inhóspito sur norteamericano, donde todo comenzó, los bluseros ingleses se multiplicaban aportando lo propio a un género que se alejaba del delta del Mississippi para mutar y recalar en nuevos horizontes. The Animals, Cream, The Yardbirds y Led Zeppelin, son algunos de los nombres más destacados que surgieron de los grandes centros industriales británicos, y que imprimieron una impronta fresca, desde un original acercamiento a la música tradicional negra.

Entre esa multiplicidad de artistas estaba Status Quo, un grupo formado en 1962 que en sus primeros dos álbumes se dedicó al rock psicodélico. Sin embargo, en 1970, la banda dio un vuelco en su obra y se lanzó en una búsqueda arriesgada que se plasmó en el disco “Ma Kelly’s Grace Spoon”, una placa dotada de diez canciones donde abunda el hard rock y los riffs pesados.

El disco comienza con Spinning wheel blues, una canción signada por las cabalgatas de guitarra que resume la idiosincrasia virulenta del álbum todo. Luego, los temas se pasean entre influencias zeppelinianas como April, Spring, Summer and Wednesdays, baladas cercanas a los Beatles como Everything y una brisa blusera que atraviesa el cancionero de punta a punta. Se trata de una placa potente que, trasladada a la realidad argentina, bien podría pertenecer a la discografía de Pappo’s Blues.

Si bien es cierto que la banda no es de las más reconocidas a nivel mundial, el álbum es una joya a la que llegan solo aquellos aventureros que toman un atajo de los gustos trillados, y apuestan por lo desconocido. Los resultados son satisfactorios, ya que disfrutar de un grupo de tamaño calibre es extraordinario y, en estos tiempos en los que el mundo está a un click de distancia, privarse de estos lujos es un pecado pagano.






Escucha el disco completo. Link: https://www.youtube.com/watch?v=dMgKt5dyNOo