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viernes, 12 de agosto de 2016

Ma Kelly's Greasy Spoon (Status Quo, 1970): la contundencia de lo simple, por Joaquín Rodriguez



Entre las ricas novedades culturales que los años sesenta trajeron al mundo, podemos destacar la constitución del Reino Unido como un inédito semillero de intérpretes de blues. Lejos del inhóspito sur norteamericano, donde todo comenzó, los bluseros ingleses se multiplicaban aportando lo propio a un género que se alejaba del delta del Mississippi para mutar y recalar en nuevos horizontes. The Animals, Cream, The Yardbirds y Led Zeppelin, son algunos de los nombres más destacados que surgieron de los grandes centros industriales británicos, y que imprimieron una impronta fresca, desde un original acercamiento a la música tradicional negra.

Entre esa multiplicidad de artistas estaba Status Quo, un grupo formado en 1962 que en sus primeros dos álbumes se dedicó al rock psicodélico. Sin embargo, en 1970, la banda dio un vuelco en su obra y se lanzó en una búsqueda arriesgada que se plasmó en el disco “Ma Kelly’s Grace Spoon”, una placa dotada de diez canciones donde abunda el hard rock y los riffs pesados.

El disco comienza con Spinning wheel blues, una canción signada por las cabalgatas de guitarra que resume la idiosincrasia virulenta del álbum todo. Luego, los temas se pasean entre influencias zeppelinianas como April, Spring, Summer and Wednesdays, baladas cercanas a los Beatles como Everything y una brisa blusera que atraviesa el cancionero de punta a punta. Se trata de una placa potente que, trasladada a la realidad argentina, bien podría pertenecer a la discografía de Pappo’s Blues.

Si bien es cierto que la banda no es de las más reconocidas a nivel mundial, el álbum es una joya a la que llegan solo aquellos aventureros que toman un atajo de los gustos trillados, y apuestan por lo desconocido. Los resultados son satisfactorios, ya que disfrutar de un grupo de tamaño calibre es extraordinario y, en estos tiempos en los que el mundo está a un click de distancia, privarse de estos lujos es un pecado pagano.






Escucha el disco completo. Link: https://www.youtube.com/watch?v=dMgKt5dyNOo


lunes, 11 de julio de 2016

Steppenwolf (1968): blues, lisergia y distorsión, por Joaquin Rodriguez

La álgida década de los sesenta no fue una más en la vida de los EE.UU.. La Guerra de Vietnam, el devenir del movimiento hippie y las luchas por las reivindicaciones de las minorías fueron algunos de los factores que acrecentaron el torbellino social en el país. De ese caldo de cultivo en ebullición y desde uno de sus bastiones más resistentes (California) surgió Steppenwolf, un quinteto con marcadas influencias del rythm and blues que inyectó una cuota de adrenalina a su obra a través de la inclusión de una distorsión y agresividad poco usuales para el momento.

En 1968 el grupo dio a conocer su primer álbum, titulado de manera homónima a la banda. La placa está conformada por once canciones en las que se hallan marcados paralelismos con The Doors o The Zombies en cuanto a sus tintes psicodélicos, pero con una búsqueda más visceral, al estilo de la que pretendían los Rolling Stones o The Who del otro lado del charco.

Quizás sea “swing” el término que resume con precisión el viaje que propone la banda. Es destacable la labor del vocalista John Kay, quien obsequia destellos magistrales a través de su aguardentosa voz; una impronta difícil de roer. Entre los 50 minutos musicales, se destacan “Sookie Sookie”, “Hoochie Koochie Man”, cover del clásico de Muddie Waters, “The Pusher”  y, por supuesto, el tema que los catapultó a la fama: “Born to be wild”, parte de la banda sonora de la película “Easy Rider” e himno contracultural de las almas que solo bregan por vagar un poco más entre las polvorientas rutas del mundo.


Con este trabajo discográfico, Steppenwolf se hizo un lugar en la creciente escena californiana y brindó una cuota invaluable al asentamiento del género. Sin embargo, más importante aún fue su aporte a la filosofía rockera: se nace para ser salvaje.