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lunes, 20 de marzo de 2017
Villa Bosch, por Marco Castagna
Cerca de los médanos, en la playa
pensamientos en blanco
y pensamientos en blanco y negro
y pensamientos en color
y luces de autos
que giran
sin luces
y luciérnagas
escondidas
y una radio
adormecida
en la boca de un viejo
en un hospital
con la bata deshilachada
y una canción de amor
todavía no escrita
pero que empezó a escribirse
en las manos de un ciego
que ama a una chica
al otro lado de la calle
y yo amo a una chica
a la que le cuido la casa
y duermo en su cama
sola
y la pienso
y la extraño
de noche
y la luna
ahora
es
transparente y plateada
como la otra
la otra luna
la que ahora ve esa chica
desde una ventana
cerca de los médanos
en la playa
Envase retornable
tengo en mis manos un envase retornable
lo llevo por las calles
de tu barrio
de noche
y en la esquina
los semáforos parpadean
detenidos en el amarillo
y entre la tierra
y el asfalto
veo una ventana
abierta
de la que sobresale
una chica
atravesada
por una luz mortecina
y ahí me quedo
entonces
con el envase retornable
todavía
en las manos
esperando
mientras el tren
pasa
y electrifica
la ciudad
por un instante.
Dejaste el desierto
Dejaste el desierto
atravesaste la ciudad
y en la pendiente
de un terreno oscuro
te detuviste entre los árboles
simulando ser un árbol
en la fila de árboles
cerca del fantasma
de Pound
y quizás lo hubieses logrado
de no haber sido
por unos pájaros negros
que picotearon tu cabeza
con particular desconfianza
como si vinieran
desde muy lejos
para
negar algo.
viernes, 4 de noviembre de 2016
Cuentos de la mujer y el solitario, por Pablo Baca
Nota del autor*
Después de mucho
tiempo – casi siete años- he vuelto a estos “Cuentos de la mujer y el solitario”,
que ya para entonces habían perdido contornos. Estuve tentado de reconstruir
las historias, suprimiendo párrafos, agregando algo a otras.
(Porque parece que en todo
poema hay una historia. Que todo poema ocurre entre el espacio que queda entre
la historia a que se refiere y el vacío que hay detrás de toda historia).
Después decidí
publicarlo tal como los volví a encontrar; de algún modo han sobrevivido a la
época en que los escribí y a todo lo que sucedió después.
V
Detrás del
cuarto en donde escribo,
del otro lado
del rio,
todas las noches
desaparece la montaña
y queda
solamente un lugar pequeño
bajo los
arbustos, bajo los cielos,
donde se acuesta
a dormir
una niña perdida.
Y toda la noche
se escucha
el murmullo del
agua.
Las cosas que
ocurren:
tantos hombres
solitarios
donde se acuesta
a dormir una niña perdida.
Tantos hombres
bajo estos cielos lejanos,
donde viene a
morir todo lo que no existe.
VI
La mujer cuyo
cuerpo era más grande. Una noche me dejó verla.
O esa otra,
sobre la que alguna vez me acosté a descansar, porque como estaba de paso, no
tenía nada que cuidar en este pueblo.
Como a ellas,
también a vos te amé. Pero nunca pude sentir que yo era ese, a tu lado, el que
amabas.
VIII
Con unas pocas
ramas tratamos de hacer un lugar donde vivir esos instantes. Pero como la noche
estaba por terminar, las ramas no eran suficientes: con la luz del amanecer
cualquiera podía vernos.
Su voz entonces
comenzó a sonar más débil. Aunque ella se esforzaba para hablar, como
intentando abrir túneles en la nada. Sobre su voz caía el tiempo: ya tenía que
irse.
La última vez
que la escuché cantaba todavía en la oscuridad.
IX
Estoy quieto
en mi centro
mientras giran
conduciendo al
deseo
tus caretas;
y en el centro
está tu rostro
que no veo, inmóvil
mientras giran
mis caretas
del otro lado
de la niebla.
XVI
Nos habíamos
convertido
en dos fantasmas
de la niebla
y entonces el
viento
nos llevó hacía
la noche.
XVIII
Una de ellas
tiene el cuerpo
lleno de flores
y mariposas.
Está enferma de
esa belleza.
Tocarla sería
herirla.
La otra está
encerrada
en un cuarto
distante del cuarto
donde estoy
encerrado.
Aquella con la
que estuve
abrazado atrás
de la última pared,
sintiendo el
viento de la llanura.
en verdad ha
nacido en la memoria.
XXXI
Abrió la ventana
y murmuró un nombre en el silencio. Un instante después sintió el frío de la
noche y la cerró y volvió a su cuarto.
Ella había
pasado por ahí mientras él dormía, caminando lentamente por el aire de la
noche.
*Tomando de “Cuentos
de la mujer y el solitario/ He visto vivir”, impreso en julio de 2015, Jujuy,
Argentina.
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